lunes, 9 de marzo de 2009

El eterno femenino


El pasado domingo festejamos El Día Internacional de la Mujer. Coincido con quienes consideran que es limitante honrar un solo día la figura femenina y que, de alguna manera, hacerlo así es cumplir con una mera fórmula para que un gobierno y la sociedad misma se perciban como incluyentes en materia de equidad de género.


En cambio, considero que el reconocimiento a la mujer debe ser cotidiano, constante, permanente y no sólo en el sentido de rendirle homenaje a través de ceremonias y actos con frecuencia carentes de fondo y sustancia.


No, el reconocimiento a la mujer debe cristalizarse abriendo para ellas más espacios de participación en todos los ámbitos, en la política, en el desarrollo profesional, en el trabajo, incluso en el hogar, en cualquier lugar donde ella se encuentre.


Mucho me han preguntado sobre los mecanismos para una integración efectiva y real de la mujer a los procesos sociales e invariablemente me remito a cuestiones de educación. Debe ser ésta la herramienta ineludible para que la sociedad y la mujer misma tenga otra perspectiva de las cuestiones de género.


El papel de los sexos en la sociedad (en un sentido amplio y que incluye aspectos de conducta de género basados muchas veces en prejuicios tradicionales) debe cambiar no sólo por motivos prácticos, sino incluso por cuestión de los derechos universales del ser humano.


En ese sentido, incluir a la mujer en la toma de decisiones en el devenir político, económico y social, no es una dádiva ni una concesión gratuita; es, en todo caso, una cuestión de ética y equidad, valores ambos que deben ser inherentes a toda sociedad que se considere democrática o en proceso de serlo.


En el caso de la mujer potosina, muchas y duras han sido las batallas que ha librado para abrirse espacios de participación; legendarias son ya -por ejemplo- las aguerridas manifestaciones de las mujeres navistas, quienes con su esfuerzo (en muchas ocasiones poniendo en riesgo su vida) aportaron valiosos elementos para alcanzar el estado de apertura que hoy vivimos los potosinos, aunque sea aún perfectible e insuficiente para la participación de la mujer.


Adicionalmente, la lucha de la mujer potosina no se circunscribe solamente a un partido o agrupación política, se extiende a otros colores partidistas y más allá de lo que consideramos tradicionalmente como "político".


Es la batalla en el hogar, para mantener a la familia unida, para allegarse el sustento a como dé lugar y que en la mesa no falte el pan, para que los hijos tengan escuela.


Es la batalla en las zonas rurales en donde los hombres han emigrado hacia otra ciudades u otros países (Estados Unidos y Canadá, básicamente) para encontrar allá lo que su tierra les ha negado. Es la batalla contra la soledad y la pobreza.


Es la batalla de las obreras que trabajan igual o más que un hombre, pero por salarios inferiores al de los varones.


Es la batalla de las profesionistas que deben aún enfrentar prejuicios respecto a sus habilidades para el desempeño laboral.


Es la batalla de las niñas que desde temprana edad deben llevar la carga de lo que "es para mujeres" y lo que "es para hombres".


Pero esa, finalmente, debe ser una batalla de todos y debe reflejarse, más allá de las palabras, en mayores oportunidades de trabajo para las mujeres en todas las áreas, mayor educación, mayor apertura y acceso a la salud para ellas y sus familias mayor respeto a su persona y sus aspiraciones.


Sólo de esa forma podremos festejar el día de la mujer, con la satisfacción de que se trata de un homenaje integral, tangible y diario.


Felicidades a todas, un abrazo y una rosa. 



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