Lo supe y la hiedra del dolor creció desde ese punto del alma donde la congoja anida cuando nos deja un amigo.
Escribo hoy con el corazón en penumbras, la mano trémula movida, conmovida por el recuerdo.
Aquella tarde del martes 4 de noviembre, el avión en donde viajaba Juan Camilo Mouriño se estrelló en el pavimento y las llamas encendieron nuestras conciencias; el fuego llegó hasta los corazones de los que somos sus amigos. No cabe aquí el pretérito, la amistad no termina con la distancia. La muerte no corroe el afecto.
Lo esperaba en la Secretaría de Gobernación, teníamos cita para reunirnos. Nunca he tenido "plantón" más doloroso. Juan Camilo no llegó a la hora señalada, jamás llegaría, sólo la muerte quebrantó su puntualidad,
La hoguera de rumores ensombreció todo con su humo. La confusión corría sin freno, salvaje y briosa, en todos los ámbitos: Los medios informativos, el mundo político y la sociedad en general.
Por fin, bajo los escombros de la noticia, lo que no queríamos escuchar: La confirmación de la tragedia. Aún así, la identidad del resto de los tripulantes era motivo de especulaciones. Por desdicha, en momentos de desgracia la imaginación desborda los límites de la cordura.
A un servidor lo contaban también entre la lista fatídica. No importa, ya no importa.
Lamentable es también que personas que sólo hacían su vida rutinaria hayan estado ahí, en el momento preciso de la caricia fría y última de la muerte inesperada. A las familias de ellos deben ir la condolencia de todos.
Camilo y yo nos conocimos en la diputación federal del periodo 2000-2003. Era el más joven de los legisladores panistas, siempre atento a los consejos de los más experimentados. De ágil mente y rápido aprendizaje, superó a sus maestros.
Duele la partida del amigo, pero más doloroso es aún que lo haya hecho de manera tan temprana. Tenía 36 años y su carrera política, vertiginosa y brillante, inició en 1997. Diez años le bastaron para alcanzar el nivel que ostentaba y que seguramente habría de ser mayor con la madurez de los años.
Su muerte, violenta e incomprensible, truncó una carrera política sin precedente, pero no duele el adiós de secretario de Gobernación, sino la partida de un extraordinario ser humano.
¿Qué se dice cuando parte un ser querido?
¿Qué se hace?
Superar, sin embargo, la tristeza y recordarlo en sus mejores momentos. Seguir, como en el caso de Camilo, su vigor, entereza y el empeño con los que siempre acometió toda tarea, personal o profesional.
Sacudirse la pena, a pesar de todo, y ponernos verticales, como él siempre se mantuvo en los momentos tempestuosos, como los que enfrentó durante la enorme responsabilidad que le encomendó el presidente de los mexicanos, Felipe Calderón, en su último cargo como funcionario público: Secretario de Gobernación.
Estoy seguro de que se encuentra en un lugar mejor, desde donde nos guiará para seguir en la ruta de un México mejor.
Camilo, estamos de pie y seguiremos adelante, por ti, por el país que soñamos juntos.
Hasta luego.
2 comentarios:
Lic. soy Pedro Flores de Tamazunchale, tuve el honor de conocer y compartir de su experiencia con el amigo Juan Camilo, gracias a la relación con Bernardo Altamirano Rodrìguez quien es el encargado de vinculación con agrupaciones sociales de Presidencia de la República, y déjeme decirle que no solo usted siente esta gran perdida, si no todos los que nos consideramos sus amigos, y en gran manera el país entero.
Por eso mismo tendremos entre nuestros ideales llegar a ser un poco de lo que el fue, y dar testimonio vivo y factible a su gran labor, y compromiso para con su país.
Y la mejor manera de lograr esto es ganando la campaña interna, y la constitucional con amplio margen, para que vean los adversarios que no nos dejamos vencer ante los pesares, si no que al contrario nos hace más fuertes y estar en unidad.
Y estoy a sus respetables órdenes.
Su seguro servidor:
Prof. Pedro Flores Rodríguez
Prof. Pedro Flores, le agradezco enormemente su comentario y su confianza. Ahora que ya ganamos la contienda interna, más que nunca debemos estar unidos para la siguiente elección, y como bien dice usted, continuar con el camino que Juan Camilo dejó. Lo que no nos mata, nos fortalece, y ante las adversidades nos tonificamos para llegar cada ves más lejos. Profesor, necesitamos más gente como usted para proseguir con este proyecto, ahora más que nunca, debemos permanecer unidos y sumar fuerzas para enfrentar los retos que nos plantee el futuro.
Le agradezco nuevamente su confianza, y lo invito a que continuemos la marcha hacia el éxito.
Su amigo, Alejandro Zapata, candidato del PAN a la gubernatura del Estado.
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